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NACIONALES
10 de julio de 2026
Ecos del ajuste: en los barrios populares solo comer se lleva el 93% de los presupuestos de los hogares
Un informe de la consultora Focus Market reveló el devastador impacto social que el plan de ajuste de Javier Milei y Luis Caputo viene generando en los sectores más vulnerables de la población. El relevamiento, titulado "EconoChori", desnudó una realidad alarmante en los barrios populares, donde la inestabilidad de los ingresos informales obliga a las familias a destinar casi la totalidad de sus recursos a la subsistencia básica. En un escenario marcado por el endeudamiento crónico, el 65% de los consultados debió dejar de comprar carne y un crítico 20% se vio obligado a abandonar la compra de medicamentos esenciales.
El plan de ajuste económico que el presidente Javier Milei y su ministro de Economía Luis Caputo vienen aplicando desde hace más de dos años mantiene la licuación de los salarios como una de las herramientas centrales de su estrategia. Sin embargo, el moderado éxito en la desaceleración inflacionaria contrasta drásticamente con las gravosas consecuencias sociales y el desplome de la actividad económica.
El deterioro de los presupuestos familiares liquidó el consumo, provocó la quiebra de casi 30 mil empresas (en su gran mayoría pymes), destruyó cerca de 300 mil puestos de trabajo formales y está devastando la calidad de vida de amplios sectores de la sociedad. Así lo evidenció el último informe de la consultora Focus Market, el cual analizó datos recabados en el comedor popular "Pequeños Gigantes" de Florencio Varela para extrapolar las condiciones de vida que se replican en los barrios populares de todo el país.
Ingresos inestables y economía de subsistencia
"Los datos recabados reflejan la elevada vulnerabilidad económica de los hogares en barrios populares", advirtió Damián Di Pace, director de la consultora. El informe detalla que el 40% de los ingresos familiares en estos sectores es de carácter variable, exponiendo una absoluta dependencia de las changas y el trabajo informal. Además, un 32% directamente no cuenta con ingresos propios, y apenas el 21% percibe un ingreso fijo mensual.
El dato más contundente indica que el 93% de los ingresos se destina exclusivamente a la compra de alimentos, lo que demuestra que el presupuesto familiar está completamente absorbido por la subsistencia, anulando cualquier capacidad de ahorro, inversión o consumo de otros bienes básicos.
Vivir para pagar deudas
En este contexto de asfixia, las deudas se convirtieron en la principal carga financiera. El 44% de los encuestados las incluye entre sus mayores gastos mensuales, pero al evaluar el peso a lo largo del año, el 62% señala a las deudas en el primer lugar, por encima de los servicios y el alquiler. Tan estructural es el endeudamiento que, ante la llegada de un ingreso extra inesperado, el 53% lo destina de inmediato a cancelar pasivos, mientras que apenas un 2% logra ahorrarlo.
El doloroso recorte en el consumo real
La recesión en los barrios populares no se mide en índices abstractos, sino en privaciones cotidianas muy concretas:
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El 65% de los hogares dejó de comprar ropa durante el último año.
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El 65% se vio obligado a dejar de comprar carne.
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El 41% eliminó por completo las salidas o actividades recreativas.
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El 20% —el indicador más alarmante— dejó de comprar medicamentos, transformando la salud en un elemento prescindible ante la urgencia de comer.
Las redes informales como único sostén
Frente a la falta de reservas —ya que solo el 2% afirma tener ahorros para afrontar emergencias—, las familias de los barrios vulnerables sostienen el mes recurriendo a esquemas de supervivencia comunitarios. Ante un período difícil, el 44% apela a las changas, el 35% recurre al "fiado" en los comercios de cercanía y el 28% busca el auxilio de familiares. La asistencia social formal del Estado aparece recién en un lejano cuarto lugar con el 12%.
El informe concluye de manera tajante: lo que se registra en la periferia de las ciudades no es una situación excepcional ni transitoria, sino la estructura cotidiana de una economía doméstica que funciona sin estabilidad, con la deuda como eje central y con el tejido comunitario informal como único amortiguador real frente a la crisis.